En
el hombre es natural la capacidad de observación, de apreciado y de
reproducción del mundo exterior, esta naturaleza es el fundamento del arte. De
ahí resulta que es el mundo circundante el que, según se ha dicho, marca el
tono del arte correspondiente.
En
el mundo griego no necesito de morbosos añadidos surrealistas o abstractas del
hombre para compensar miserias. El hombre griego clásico fue otro: sobrio,
sereno y equilibrado, dueño de si por entero, ajeno a las pasiones que rebajan.
Vivió en un mundo que, por sus dimensiones, por el exquisito perfil de sus
formas y la armoniosa variedad de sus parajes, era un mundo fértil, cuya
generosidad natural inspiro directamente al hombre quien por todas partes
encontró para todo, modelo y numen de sus obras.
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